lunes, 30 de julio de 2012


¿Quién dice que para ser feliz hay que tenerlo todo? ¿Por qué no puedo conformarme con las pequeñas cosas? Que saques un rato para mí, cada día, sólo para conseguir que sonría al menos una vez, que vea la vida algo menos triste. Que me beses sólo cuando sientes que no puedes aguantar ni un segundo más sin hacerlo, y que, después de hacerlo, no dejes que lea en tu cara que sabes que no es lo correcto, aunque lo pienses. Que no sea capaz de aguantarte la mirada más de tres segundos, que me cortes la respiración. Que no me recuerdes el pasado, ni el futuro, porque ninguno de los dos existe ya. Que consigas que la tristeza desaparezca cuando estás aquí conmigo, porque entre nosotros no hay espacio para ella, que sólo aparece cuando te vas. Que seas tan diferente a mí, que me conviertas en algo distinto.

domingo, 29 de julio de 2012

Entro en mi cuarto, cansada. Me tumbo en la cama sin fuerzas ni ganas para más. Con este calor no puedo evitar acordarme de tu cuarto, y más concretamente de tu cama. Resisto las ganas de coger el teléfono y alinear los planetas para que acabemos allí, de nuevo. No entiendo por qué cada día me cuesta más, si cada día te quiero menos.

"Me acuerdo de ti, 
me cago en tus muertos."
Tengo muchas malas costumbres...
... pero tú eres la peor.

sábado, 28 de julio de 2012

Ser esa chica a la que se le escapan las lágrimas en una calle abarrotada de gente. Gente que la mira preguntándose qué es lo que le ocurre, si de verdad está llorando o simplemente tiene los ojos irritados. Quizá incluso alguien se plantee durante un segundo acercarse para ver si está bien, antes de volver a esa conversación trivial que ha dejado a medias. Ser esa chica... es una putada.
Cerrar una puerta
y romper a llorar.


miércoles, 25 de julio de 2012

Las palabras, aunque sirvan para dejar constancia de las cosas, no siempre dicen la verdad. He aprendido que un "luego" puede convertirse en "nunca", y un "nunca" puede convertirse en un "¿por qué no?".  Y entre esos dos mundos me muevo últimamente. Entre esa eterna promesa de lo que puede ser, pero que no llega; y eso que sé que ni es bueno ni lo merezco, pero lo quiero.
No sé si me sorprende que después de tanto tiempo siga recordando todas las conversaciones que tuvimos. Y hoy, mientras sacaba a una amiga en brazos desde la primera fila de un concierto, porque se había desmayado, me he acordado de que me dijiste que no me creías capaz de reaccionar decentemente si estando conmigo te diera uno de tus mareos. Ya ves, sigo creyendo que por ti me habría tragado todos los nervios, que hubiera hecho cualquier cosa que necesitaras para estar bien. 

Y como siempre
ya da igual.
Que ya da igual lo que haga, siempre me acuerdo de ti.